LO HUMANO Y LO BELO

“Me gustaría reflexionar brevemente sobre lo frustrante que puede resultar hablar de la Belleza. Definirla. Hablar de todo aquello que percibimos, olemos o sentimos como algo hermoso, ya sea lo considerado canónicamente como bello a través del tiempo y su influencia en la sedimentación de valores culturales, o bien aquello que nos resulta bello de una manera más íntima, muda e individual.

Por una cuestión de supervivencia el ser humano ha desarrollado la capacidad de otorgar a lo bello voz y crédito. Un valor incuestionable determinado por la necesidad de sobrevivir a la realidad evitando que ésta se nos atragante sin digerir en las entrañas. Por esa razón permitimos que la belleza abrace nuestras mentiras haciéndolas reales. Es posible que el concepto en sí ni siquiera exista, o que lo haga únicamente dentro de los limitados parámetros de nuestra humana condición, pero permitimos esa falacia por su propia belleza, como la de los sueños, como la del anhelo, tan humano, de ser inmortal, sabio o invencible.

¿Qué vemos en el rostro, en las manos, en los gestos, de quien amamos? ¿Por qué la saliva de algunos besos pide al saborearla más y más? ¿Qué ve la mitad de la humanidad en la otra mitad, que se odia a la vez que se ama, y que aunque sabe que lo real hiede a viciado sigue en su empeño de perseguir el perfume del recuerdo?

Todo podría ser una confabulación del universo. Lo bello existe sin masa, sin peso, intangible, pero aun así nos genera una extraña certeza, la de haberlo visto por el rabillo del ojo en algún momento, pero de manera fugaz, pues al intentar atraparlo, centrarlo en nuestro campo visual, indefectiblemente desaparece.

Intentar definir, pensar, verbalizar, aquello que consideramos bello, hallar la razón que le da sentido, puede tener como consecuencia que acabemos desistiendo de tal empresa, de la misma manera que hay que desistir, por coherencia, de intentar dar una definición lógica a conceptos como el infinito o la nada. Nos quedará siempre la sensación de que no hay verbo que pueda articular tales ideas, o bien nos sentiremos reducidos al estado de pequeños átomos suspendidos o erráticos por el vacío, minúsculos y absurdos.

Lo hermoso o lo bello no se deja concretar, ni definir, ni acotar. Es muchísimo más grande que todo eso. Se esconde, se escurre, cambia constantemente. La belleza nos puede parecer una propiedad que otorgamos a una élite de cosas, personas, lugares y recuerdos, pero también podría ser que fuese ella la que nos obligase a hacer esa selección, y nos utilizase con sus propios fines para que reafirmemos su ubicuidad y omnipresencia.

Lo bello, no sólo lo perfecto según parámetros geométricos, matemáticos o de simetría, ni lo equilibrado por la aerodinámica que purifica lo abrupto y lo áspero, lo individualmente considerado bello consigue penetrar en nuestros sentidos y los viola con tal fuerza que no existe escapatoria. Su luz, su olor, su abrazo, nos reaviva la bestia que vive dentro de nosotros y después de despertarla, horadándonos toda resistencia, pervierte esa parte animal, la domestica, la racionaliza y la convierte en algo mucho más razonable y humano.

Al personificar la Belleza para poder, sencillamente, hablar de ella, podemos ver sus intenciones seductoras o manipuladoras hacia nuestra integridad. Pero lo cierto es que la endiablada Belleza no piensa en nosotros, ni nos considera interlocutores de su posible discurso. Lo más fácil podría ser asumir que su efecto o valor es que da sentido a nuestra existencia, por encima de nuestro afán de entender su modo de operar sobre nuestra biología o espiritualidad, que nos ayuda a sobrevivir y nos permite desconectar de lo real, de toda su crudeza casi siempre dolorosa.

Lo bello nos permite soñar que esto no se acaba.

Lo bello, según mi opinión, parece proceder del chispazo que se produce en el instante de la división de nuestra primera célula. Una onda cuántica que reproduce el eco instintivo de vivir y permanecer para siempre, trascender. Una mentira hermosa de creer.”

Baltasar González Pinel


MAKING OFF –  HAYDN